EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO VI - VERSÍCULOS 12 - 17


“Y mi visión siguió. Cuando el Cordero abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto. El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna se volvió como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra como higos pasmados que caen de una higuera agitada por el huracán. El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla y no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar. Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros, diciendo: ‘Caigan sobre nosotros cerros y rocas y escóndanos del que se sienta en el trono, y de la cólera del Cordero. Porque ha llegado el día grande de su enojo, y ¿quién lo podrá soportar?’ ” 

Para entender el presente documento es necesario distinguir la diferencia existente entre dos grandes acontecimientos, profetizados tanto en el antiguo como en el nuevo testamento. Estos dos acontecimientos son: El Día de la Ira de Dios y el fin del mundo. Si bien, estos dos eventos presentan características similares, es muy probable que ocurran en fechas distintas dentro del corto calendario de la historia de la humanidad. El fin del mundo se refiere a la completa y definitiva desaparición del planeta azul con todo lo que hay en él, como aparece escrito a continuación:

Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán”
San Mateo 24, 35

“Después tuve la visión del Cielo nuevo y de la nueva Tierra. Pues el primer cielo y la primera tierra ya pasaron; en cuanto al mar, ya no existe”
Apocalipsis 21, 1

“Después vi un trono espléndido, muy grande, y al que se sentaba en él, cuyo aspecto hizo desaparecer el cielo y la tierra sin dejar huellas”
Apocalipsis 20, 11

En toda institución educativa, la fecha correspondiente a una prueba parcial siempre es diferente frente a la fecha del examen final. De la misma manera, la fecha del Día de la Ira de Dios debe ser distinta frente a la fecha del fin del mundo. El mundo no desaparecerá en el Día de la Cólera del Señor, porque el Día de la Ira de Dios se refiere a una prueba terrible que recaerá sobre toda la humanidad, como aparece escrito:

“Por eso ahora la voy a arrojar en un lecho, y los que cometieron adulterio con ella los arrojaré en una prueba terrible, a no ser que se arrepientan de sus maldades. A sus hijos los heriré de muerte, y sabrán todas las iglesias que Yo Soy el que conoce hasta los rincones del corazón y de la mente; y a cada uno de ustedes le pagaré según como se porten”
Apocalipsis 2, 22 - 23

“Y porque guardaste con perseverancia mis palabras, yo por mi parte te protegeré en la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra”
Apocalipsis 3, 10

A través de las sagradas escrituras se puede profetizar, claramente, el Día de la Ira de Dios. Si bien, para el fin del mundo se anuncian desastres similares a los profetizados para el Día de la Ira de Dios, el fin del mundo será la antesala del juicio final, el cual a su vez estará precedido por la segunda venida de Cristo a la Tierra. Durante dos mil años de historia, la Iglesia Católica no se ha esforzado demasiado en realizar predicciones sobre el Día de la Cólera del Señor porque la esencia misma del mensaje cristiano es: Estar preparados en todo tiempo y lugar porque nadie sabe el día, ni la hora. Esta es la verdadera sabiduría que todo bautizado debería poner en práctica porque estar preparados es: Vivir en gracia de Dios. Así es, porque así está escrito:

“Por eso, estén despiertos, porque no saben en que día vendrá su Señor”
San Mateo 24, 42

Tú no sabes en que día vas a morir, tú no sabes en que día Dios te tomará cuenta de todo lo que hayas hecho y dejado de hacer, tú no sabes si mañana mismo caerá, como un trueno, el Día de la Ira del Señor. Lo único que sabes es que no importa la hora y el lugar, siempre debes estar en gracia de Dios, viviendo este momento como si fuera el último instante de tu vida.

En este mundo hay personas que viven muy despreocupadas de Dios, viven solamente para: El trabajo, el placer, los negocios y el dinero. La sociedad actual vive de acuerdo a los parámetros establecidos por los medios de comunicación, los cuales están al servicio de satanás y sus ángeles. Cuando una cadena de televisión emite documentales referentes al fin del mundo, solo habla de profecías de grandes desastres naturales, causados, entre otras cosas, por la tercera guerra mundial. Todo esto es, simplemente, una forma de ganar rating. A estos canales de TV siempre se les olvida mencionar lo más importante: La conversión del mundo a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Hoy en día no es extraordinario hallar libros, páginas en internet y programas de televisión que anuncian el fin del mundo para el 2012 u otra fecha cercana, como si el secreto de la fecha del juicio final fuera conocido por cualquier persona o cultura ancestral. Los medios de comunicación nunca revelarán la fecha exacta del fin del mundo porque, en realidad, solo Dios conoce el día y la hora. Así es, porque así está escrito:

“En cuanto se refiere a ese día y a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles de Dios, ni siquiera el Hijo, sino sólo el Padre”
San Mateo 24, 36

El hecho que no conozcamos en que momento se despertará la furia del Señor, no quiere decir que no estemos en capacidad de discernir los signos de los tiempos. En nuestros días, son demasiados los síntomas que nos avisan que: El Día de la Ira de Yahvé está más cerca de lo que mucha gente cree. Para entenderlo, puedes leer el contenido del link correspondiente a Las Profecías del Fin del Mundo. No es incorrecto: Interpretar los signos de los tiempos a la luz de las sagradas escrituras y del magisterio de la Iglesia, porque está escrito:

“Asimismo, cuando noten todas estas cosas que les dije, sepan que ya está cerca, a la puerta”
San Mateo 24, 33

La profecía contenida en el fragmento del Apocalipsis, correspondiente a la ruptura del sexto sello, se refiere tanto al Día de la Ira del Señor como al fin del mundo. Esta revelación toma forma en la ruptura del sexto sello porque el número seis significa imperfección. El seis es aquel número que quiere ser igual a siete, pero nunca llegará a ser siete. Precisamente, el sexto mandamiento de la ley de Dios es: No fornicarás... Si Dios hizo caer fuego sobre Sodoma y Gomorra, siendo el pecado de estas ciudades mínimo comparado con la inmoralidad moderna… Entonces, ¿Qué clase de castigo se puede esperar para una humanidad desenfrenada, como la actual?... Este castigo, únicamente, se puede prevenir con una auténtica conversión a Cristo Jesús, Señor Nuestro. Si la humanidad no se convierte de corazón al evangelio, el Día de la Ira del Señor será el anticipo del fin del mundo. El comienzo de la profecía de San Juan, en el cual se describen estos dos terribles acontecimientos, es el siguiente:

“Cuando el Cordero abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto. El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna se volvió como sangre”

La expresión “se produjo un violento terremoto” se refiere a los espantosos temblores que asolarán todo el planeta, tanto en el Día de la Ira de Dios como en el fin del mundo. Así será, porque así fue profetizado:

El hombre será humillado, el mortal abatido ¡No se lo perdones! Métete entre las rocas, escóndete en el polvo, para no ver la cara de Yahvé, que da miedo o que brilla majestuosa, cuando él aparezca para hacer temblar la tierra
Isaías 2, 9 - 10

La expresión “El sol se puso tan negro como vestido de luto, la luna se volvió como sangre” corresponde a los fenómenos que harán antesala a la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo a la Tierra, como está escrito:

“Ahora bien, pasando a esos otros días, después de esa angustia, el sol no alumbrará, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y verán al Hijo del Hombre viniendo en medio de las nubes, con mucho poder y gloria”
San marcos 13, 24 - 26

La luna se pondrá colorada, el sol se avergonzará, cuando Yahvé de los Ejércitos venga a establecer su reinado sobre el cerro de Sión, en Jerusalén, y aparezca su gloria ante sus Ancianos”
Isaías 24, 23

De manera similar, para el Día de la Ira de Dios se anuncia una oscuridad total que cubrirá toda la Tierra. Así será, porque así está escrito:

“Pues habrá llantos en todas las viñas cuando yo pase en medio de ti. ¡Ay de aquellos que suspiran por el día en que vendrá Yahvé! ¿Cómo será ese día para ustedes? Será un día de tinieblas, no de luz”
Amós 5, 17 - 18

“Será un día de cólera aquel día, de angustia y de congoja; día de destrucción y de abandono, de sombras y tinieblas; día de nubarrones y neblina”
Sofonías 1, 15

“¡Toquen la trompeta en Sión! Den la  alarma en mi monte santo ¡Tiemblen todos los habitantes del país, porque llegó el día de Yahvé, que se acercaba! ¡Día de tinieblas y de oscuridad, día de nubes y de espesa niebla! Un pueblo numeroso y fuerte, como jamás hubo otro ni lo habrá después de él, avanza y se extiende como aurora sobre los cerros”
Joel 2, 1 - 2

El pasaje “las estrellas del cielo cayeron a la tierra como higos pasmados que caen de una higuera agitada por el huracán” se refiere a la lluvia de fuego que caerá sobre la Tierra, tanto en el Día de la Ira de Dios como en el fin del mundo. Así como Sodoma y Gomorra fueron destruidas por fuego que cayó del cielo, así también, la humanidad será purificada de todos sus pecados. Así como el oro se acrisola en el fuego para borrar toda escoria, igualmente, lloverá fuego del cielo para limpiar el pecado de un mundo que se ha olvidado de Dios. Esta profecía se repite, una y otra vez, en las sagradas escrituras. En este nivel, lo importante no es preocuparse demasiado sobre la futura posibilidad de morir quemado. Lo realmente fundamental es vivir en gracia de Dios, en una conversión permanente a Jesucristo, Nuestro Señor. Así será, porque así fue profetizado:

“Ustedes sembraron heno y cosecharán sólo paja, mi respiración los quemará como una llama. Los pueblos quedarán reducidos a cenizas, como zarzamora cortada a la que le prenden fuego
Isaías 33, 11 - 12

“Salgan de allí, pueblo mío. Que cada uno de ustedes salve su vida ante el fuego de la cólera de Yahvé
Jeremías 51, 45

“Todos ustedes que pasan por el camino, miren y observen si hay dolor semejante al que me atormenta, con el que Yahvé me ha herido en el día de su ardiente cólera. El fuego que lanzó de lo alto bajó hasta mis huesos; tendió una red a mis pies y me hizo caer de espaldas. Me dejó abandonada y siempre doliente”
Lamentaciones 1, 12 - 13

“Llegará, sin embargo, el día del Señor, como un ladrón. Entonces los cielos se disolverán con gran ruido. Los elementos se derretirán por el fuego, y la tierra con todo lo que encierra quedará consumida. Al enterarse de esta universal destrucción, ¡qué santa y religiosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y apresurando, por ese medio, la venida del día de Dios en que los cielos incendiados se disolverán y los elementos ardientes se derretirán!”
II Pedro 3, 10 - 12

En la primitiva comunidad cristiana, y poco después del ascenso de Nuestro Señor Jesucristo a los Cielos, los apóstoles y demás discípulos esperaban el inminente advenimiento del fin del mundo. El fin del mundo será el mayor de los días de furia de Dios porque en ese día desaparecerá la faz de este planeta. La expresión “El cielo se replegó como un pergamino que se enrolla” designa la futura desaparición de las nubes y de la atmósfera terrestre en el fin del mundo, como aparece profetizado en el texto anterior del nuevo testamento. El fragmento “no hubo cordillera o continente que no fuera arrancado de su lugar” se refiere a los espantosos movimientos telúricos que serán antesala de la futura explosión del núcleo de la Tierra en el fin del mundo. La reiteración de este pasaje apocalíptico se encuentra a continuación:

“Y hubo relámpagos, retumbar de truenos y un violento terremoto. No, desde que existen hombres sobre la tierra jamás se había visto terremoto tan violento
Apocalipsis 16, 18 - 20

“Desde el fin del mundo se escuchan cantos: ‘En honor al justo’. Pero yo digo: ¡Pobre de mí!, ¡pobre de mí!, los traidores han traicionado, los traidores han obrado pérfidamente. Pánico, fosa y trampa te esperan, habitante de la tierra: el que logre salvarse del pánico caerá en la fosa; y el que se libre de la fosa quedará atrapado en la trampa. Sí, las compuertas de lo alto se abrirán y los cimientos de la tierra se sacudirán. La tierra estallará en pedazos, la tierra crujirá y se agrietará, la tierra temblará y se sacudirá, la tierra se bamboleará como un borracho, se balanceará como una hamaca; tanto le pesarán sus pecados que caerá al suelo sin poder levantarse”
Isaías 24, 16 - 20

La escena, que se describe en seguida, dibuja el horror propio del fin del mundo, en el cual, cielos y Tierra desaparecerán.

“Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros, diciendo: Caigan sobre nosotros cerros y rocas y escóndanos del que se sienta en el trono, y de la cólera del Cordero. Porque ha llegado el día grande de su enojo, y ¿quién lo podrá soportar?”

En este fragmento: Aquel “que se sienta en el trono” es Dios Padre Todo Poderoso y el “Cordero” representa a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El pasaje “Los reyes de la tierra con sus ministros, los generales, los ricos y poderosos, y toda la gente, así esclavos como hombres libres, fueron a esconderse en cavernas, entre las rocas y en los cerros” corresponde a la visión sobrenatural de acontecimientos futuros, en la cual, un profeta ve a hombres y a mujeres esconderse en cuevas y cavernas porque el mundo se les vino encima, porque llueve fuego del cielo. Esta no es la única vez que esta profecía aparece escrita en las sagradas escrituras:

“Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. Porque está por llegar el día en que se dirá: Felices las madres sin hijos, felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron. Entonces se dirá: ¡Ojalá los cerros caigan sobre nosotros! ¡Ojalá que las lomas nos ocultaran! Porque si así tratan al árbol verde, ¿qué harán con el seco?’ "
San Lucas 23, 28 - 31

El fin del mundo y el Día de la Ira de Dios están explicados, detalladamente, en el link correspondiente a “Las Profecías del Fin del Mundo”.

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que en el momento que llegues a juzgarnos en el amor nos encuentres preparados, llenos de buenas obras y en gracia de Dios. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO